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DOS ORÍGENES, DOS PAGOS, DOS VINOS
10 de febrero de 2019
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El del vino es un mundo donde se conjugan una serie de de factores aparentemente contradictorios; de tal manera es así que puede parecer confuso y de difícil entendimiento: naturaleza, artesanía, personalismos, magia, emociones y alcohol sagas familiares, industria supertecnificada, negocios globales, identidad y origen.

Fue Gregorio Marañón quien, desde su sabiduría, afirmaba que a la Naturaleza hay que conocerla; yo añado que a ese conocimiento y familiarización debe seguirle el amor, el respeto y el cuidado, a la vez que se han de obedecer sus ritmos para ser capaces finalmente de fluir con sus ciclos; y sacar partido de ello. Estas consideraciones, si las aplicamos a la viticultura, a un pago específico de una zona ya de por sí agraciada por la naturaleza por sus características muy específicas, vienen a resultar idóneas para producir ese vino que sientes es un vino único cuando lo estás bebiendo;  por saber con certeza que en ningún otro lugar del mundo habrá otro igual.

¿Qué es el carácter diferenciador de un vino de pago?   ¿Hay (o podría haber) Vinos de Pago aquí en Rioja?  Parece ser que la marca RIOJA impone mucho desde el punto de vista comercial y se prefiere esta antes que otras denominaciones específicas. De hecho, en la reciente memoria presentada la semana pasada por el Presidente del Consejo Regulador de la DOC Rioja, los vinos que aspiran a ser reconocidos como “Viñedos Singulares”  son solo varias decenas, provenientes de 140 ha (de un total de más de 65.000 en la Denominación)

De todas maneras, para ilustrar, veamos dos ejemplos de casos diferentes del mismo asunto, uno aquí y otro en Ribera del Duero.

FINCA VALPIEDRA. Lo de “Vinos Singulares” que ya están al llegar no le ha interesado a la familia Martínez-Bujanda (como a otros productores riojanos de renombre).  Sin embargo la finca situada al lado de Cenicero y justo lamiendo las orillas del padre Ebro, por donde el valle del río –aguas arriba- va perdiendo su carácter mediterráneo, es una zona única: 80 ha en 14 parcelas donde la mayoría es tempranillo plantado en vaso, algo de garnacha y graciano; y últimamente maturana tinta. Llámese finca, pago, “chateau”; lo cierto y real es que del reserva Finca Valpiedra elaboran unas 100.000 botellas.  Esto es algo magnífico, sin apenas parangón en el mundo del vino: tal cantidad de botellas de un vino único de tal calidad, democrático, al alcance de todos los mortales. Esto solo puede suceder en la DOC Rioja.

Ya hemos apuntado algunos caracteres diferenciadores con respecto a otros vinos; además, está el hecho de que por eso mismo Finca Valpiedra “rompe” lo que se ofrece en los alrededores; por el meandro del río donde las distintas terrazas fueron parte del mismo y ahora prosperan los distintos varietales en terrenos de cantos rodados (o sea, un mesoclima propio que genera maduraciones más homogéneas y por ende un vino con características propias).

La bodega, dominando el meandro del río, en su entorno es un oasis natural; pasear por la orilla del río entre las cepas y lo que aún queda del sotobosque mediterráneo (encinas, carrascas, plantas aromáticas) el rio que transcurre silencioso y las hojas alegres de un verde infinito… es un placer para las personas visitantes, que se sienten predispuestas para disfrutar ahí mismo el vino. Que además sea la única bodega en Rioja dentro del selecto grupo Grandes Pagos de España le confiere más prestigio. Para Exquisite Rioja es un lujo poder llevar amantes del vino a este paraje, en el corazón de la rioja central y tan exclusivo por otra parte.

Apreciación del vino FINCA VALPIEDRA RESERVA 2012. Color rojo cereza profundo, con reflejos granate en el ribete, sin apenas signos de evolución; concentración de color media-alta.  Muy limpio y sugerente; despliega intensos aromas de frutos negros (grosellas, ciruelas) propios de tempranillos de clima moderado/cálido; también –y sobre un fondo de maderas finas- aparecen notas que recuerdan a especias dulces (canela, clavo) junto a compotas, crocante de almendras, plantas aromáticas e incluso algún atisbo medicinal. El ambiente en la copa está en camino de ser clásico, sutil. En boca es suave, sabroso; delineado en el paso de boca con taninos sentidos y un buen peso de fruta; de textura sedosa y largo recorrido, va dejando un festín de sensaciones sápidas (frescura) y táctiles (acariciante).  Magro en su estructura, es un claro ejemplo de vino de ensamblaje, pero de tempranillos de un mismo “terroir” de la marca Rioja, cuyo valor supremo es cerrar el ciclo de los consecutivos “terroirs” desde el suelo vitícola hasta la degustación hedonista. Vino gastronómico y también para regalarse una copa casual que puede sublimar la propia estima, la compañía, el momento y el lugar donde se comparte.

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ABADÍA RETUERTA. Recuerdo que, cuando en 2001 impartí mi primer curso de cata de vinos a un grupo de profesionales de distintos ámbitos, uno de los vinos que catamos fue de esta bodega.  No hacía mucho que se había fundado, gracias al empeño inversor de un grupo farmacéutico importante suizo. Impresionante finca de 200 ha en la zona más occidental de “la milla de oro” de la Ribera del Duero (aunque no se acogieron a la DO)

A ambos lados de la carretera se ve un pequeño mar de viñedos, en uno está la bodega y en el otro predomina majestuoso el precioso edificio monasterial, hoy Le Domain, lujoso hotel de 30 habitaciones para clientes de muy alto poder adquisitivo (el precio del cubierto de su restaurante “fine dining” no baja de los 100 euros)

La bodega es perfectamente funcional, dotada con todos los recursos para elaborar sus vinos de muy alta calidad (la sala de barricas –con un patentado sistema de gravedad- es realmente espectacular)  Pero lo realmente prioritario, los viñedos, estos se plantaron para optimizar las características de las diferentes zonas de la finca; así, tienen 26 tipos de suelos clasificados según distintos parámetros para una viticultura eficaz y sostenible; los vinos de pago reflejan los distintos terroirs (en primer lugar el de las cepas y su entorno, pues los otros cuatro: zona de fermentaciones, el espacio inconmensurable donde se alinean vertical y horizontalmente las barricas, los botelleros donde reposan las botellas y finalmente el magnífico centro de visitantes donde se degustan y venden los vinos) Cada pago es único por su varietal, aunque todos comparten  un mismo ambiente climático (¡hay que ver el delirio investigador y controlador de las torretas antiheladas!) y una filosofía elaboradora muy depurada. En suma, la mejor disposición humana y la mejor tecnología puestas al servicio de una producción de vinos de pago muy especiales.

En cuanto al turismo enológico llevan seis años realizando visitas integrales exclusivas que son el broche de oro de esta bodega modélica.

Apreciación del vino PAGO VALDEBELLÓN 2015. Visitamos la bodega a finales de Octubre, cuando el pago donde están las cepas de cabernet sauvignon, en la parte más alta de la finca, contra el monte, todavía no habían sido vendimiados sus racimos de diminutas uvas que luego dan pura concentración y sabor. El vino presenta un color rojo cereza intenso, limpio y brillante. La nariz es extremadamente compleja, todo un festín de aromas que en este caso si pueden llamarse “varietales” (piracinas) Muestra también ahumados, balsámicos, terrosos y toques minerales; todo conformando una densidad aromática realmente embriagante. Increíblemente suave en la entrada de boca pero con sensaciones que embargan el paso de boca, sobre todo muy frutal, con taninos marcados con un posgusto sabroso, largo.  Vino elitista; para disfrutar en momentos muy especiales y preciados de la vida de cualquier amante del vino que se precie.