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ERES LO QUE COMES… Y TE IDENTIFICA EL ESTILO DE VINOS QUE TOMAS
17 de julio de 2019
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Foto de portada Exquisite Rioja, disfrutando vinos y aperitivos en el espectacular entorno de viñedos de bodega La Emperatriz 

Me sucede algo maravilloso cada día: tengo que comer para seguir viviendo y continuar sano… y puedo hacerlo. Según mis posibilidades y con mis sobradas ganas, cada día me doy el inconmensurable gusto de llevarme alimentos y bebidas a la boca. ¿No es esto algo realmente grande teniendo en cuenta edad y circunstancia?

Porque hay muchas, muchas personas que no pueden decir lo mismo.

Así están las cosas; por eso, en la sociedad en que vivimos, satisfechas (aparentemente) las necesidades básicas, muchas personas se permiten el lujo de cuestionarse si es mejor seguir una dieta u otra; u optan por no comer alimentos procedentes/derivados de los animales; e incluso si es más conveniente llevar siempre un mismo patrón de comidas con unos mismos productos o bien decantarse por una dieta más rica y variada.

¿Eres de quienes practican  monotonía gastronómica o quizá controlas que cada día la dieta para que sea diferente, comiendo variedad de ingredientes en cada menú?  Es decir ¿prefieres simplificar las decisiones, evitar estrés y no  perder demasiado tiempo en el embrollo de “tener que comer” cuando tienes hambre?  ¿O quizá prefieres implicarte, generar proactividad subiéndote al carro de quienes viven en la urbanita, posmoderna tendencia de probar todo lo nuevo/exótico que airean “influencers” de pro? Dicho de otra manera: ¿estás en la parte aburrida/predecible/sobria o en la creativa/antropológica/buscadora de nuevas sensaciones?

Independientemente de las opciones u opiniones acerca de las bondades de llevar una dieta variada, es evidente que esta opción ofrece elementos diferenciadores: va más allá del “tener que comer por necesidad”.

¿Y qué hay de esto en relación con los vinos?  El disfrute de una copa de vino de calidad alcanza o implica rutas neuronales –auspiciadas obviamente por intensos estímulos sensoriales sobre todo en la boca- que propician descargas de las llamadas hormonas del placer: serotonina, oxitocina y otras. Ello –hay que decirlo- también sucede así por la contribución del contenido alcohólico.

Tu cerebro -no lo dudes- ama la novedad, necesita estímulos que “sorprendan” su zona de confort, está constantemente buscando nuevas sensaciones que rompan la monotonía. Este – y no otro- es el sentido de la vida. (Cuando quieras te lo explico con detalle).

¿Entonces, prefieres vinos unidimensionales o caracterizados por el consabido “sabor a roble”?  ¿O quizá vinos sabrosos, accesibles pero no exentos de una cierta complejidad?

¿Qué buscas?   ¿Lo económicamente eficiente?   ¿Evitar el estrés de tener que decidir?  ¿La seguridad de lo conocido por si acaso?  ¿Ahorro de energía cerebral?