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LA RIOJA Y EL ALTO EBRO. UNA HISTORIA NO CONTADA
21 de abril de 2017
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Fotos by Alfredo Selas

¿Cómo era el paisaje de la rioja occidental antes de que las vides inundaran sus territorios?  ¿Y cómo vivían, qué sentían las personas que sobrevivían e interactuaban en su inclemente medio físico y climático?

Acompañado por Jesús Angel Garcia, de Casa Legarda en Briñas, investigador y comunicador inquieto que vive con pasión por dar a conocer la maravilla antropológica que tenemos en Haro, en Exquisite rioja nos hemos dado la oportunidad de redescubrir el Santuario Celtibérico Jarrero, situado en el meandro que el río Ebro dibuja en su camino hacia el este justo después de recibir al Oja-Tirón.

 El emplazamiento natural se vislumbra claramente al salir de Haro por la carretera de Labastida, a la izquierda.  Un pequeño promontorio redondeado que recuerda una diminuta pirámide, coronado por una enorme masa rocosa igualmente redondeada, se yergue majestuoso en medio de un entorno de  viñedos.  De hecho, en el meandro del río, se encuentran viñas nobles de las grandes bodegas del Barrio de la Estación: Vicuana, Perdigón, Tondonia (nombre este toponímico que proviene de Hondón-Dondón-Tondón-Tondonia)DSC03859Viejas cepas y al fondo los Montes Obarenes con un enorme rosetón rocoso alineado con la puesta de sol en el solsticio de verano

En la mañana soleada, una luz equinocial ilumina  horizontes cercanos: a un lado los Obarenes y las Conchas de Haro, al otro el Toloño y hacia el sur la majestuosidad nevada de los montes Distercios (Sierra de la Demanda). Subimos por una viña experimental de Bodegas Roda cuando, unos metros más adelante, una culebra de más de metro y medio se nos cruza rauda hasta desaparecer por entre las cepas. Buena señal; eso quiere decir que puede que llueva por la tarde; también que esta es una zona natural donde la vida biológica salvaje medra; y por lo tanto que es cierto cómo los grandes vinos salen de ecosistemas prístinos, naturales en esencia.DSC03845Tumbas y guardaviñas

Desde lo alto del promontorio donde se asienta un guardaviñas y, muy cerca del rudimentario lagar rupestre de Tondonia, se vislumbran –en un horizonte delineado- las formas esculpidas de Haro, Labastida, Briones, San Vicente. La espectacularidad del paisaje acongoja los sentidos; las viñas probablemente medran por aquí desde antes del siglo X; más aún, incluso el suelo que pisamos se nos antoja sagrado: tumbas antropomórficas entre un jardín natural de variedades viníferas (Agustín Santolaya, director Técnico y Director General de Roda es el comprometido autor amante de esta riqueza ecológica vitícola) donde comparten territorio con el romero, el tomillo, lavanda e incluso orquídeas, raras por estas latitudes.DSC03865                             Lagar rupestre junto a una necrópolis y tumba antropomórfica orientada al esteDSC03853

Menciona Jesús los cultos precristianos que debieron darse en la zona de San Felices, en los Riscos de Bilibio, en la Bilibium romana; y asegura que Deóbriga, la ciudad perdida de los romanos no estaba en Arce-Mirapérez,  Miranda de Ebro, sino que debió estar por aquí, rodeada por los montes sagrados que hemos mencionado y sirviendo como punto de encuentro de vías romanas.

Ascendiendo por entre matorrales en terrazas, finalmente llegamos a la mole pétrea del Santuario Celtibérico. Fuera de una manera u otra, por razones telúricas o por esa búsqueda de querer trascender lo anodino de vidas intrascendentes, o por lo idóneo del lugar donde se alinean los significados de los cultos celtas: sol/cielo,  tierra y  agua/luna, lo cierto es los grupos humanos  pobladores de estos territorios  -en los estertores de rudimentarias civilizaciones- bien se juramentaban, o rendían culto, u ofrecían sacrificios en este lugar destacado por su posición equidistante mágica donde el calendario celta, el juego de los solsticios y equinocios  con sus luces, formas y sombras en la salida y puesta del sol y la aparición de la luna llena… todo ello ciertamente concita la expresión de fuerzas telúricas, de espectáculos sobrecogedores con la aparición de la luna llena por oriente a la vez que se pone el sol por occidente y la concomitante búsqueda de significados religiosos.DSC03875Perfil de un rostro en la roca mirando hacia donde la luna emerge

Hay que hacer un esfuerzo e imaginarse qué sentidos o pretensiones querían encontrar, las personas que habitaban este territorio, con sus rituales celebrados en la pila de sacrificios del altar en la cúspide, o ante la hornacina excavada en una pared, o en los hoyos rituales excavados en el suelo de roca.

En fin, lo que perdura hoy en día, aparte del embrujo del lugar, es la certeza de que se da una relación entre las fases lunares y el ciclo vegetativo de las vides; la importancia de de cada segunda luna llena, las posibles heladas, elegir  las fechas de vendimia cuando hay luna creciente. Los involucrados enólogos/viticultores tienen muy presente estos factores que luego se manifiestan en los nuevos vinos que se están produciendo actualmente en Rioja y que reflejan la riqueza singular de las variedades de uva siempre en relación con el paisaje donde están hincadas, su entorno ecológico y la impronta geoclimática..

Ya solo queda que, por lo que respecta al Turismo del Vino y a  Exquisiterioja con su apuesta por servir experiencias integrales auténticas, que también hagamos partícipes -a las personas que nos visitan con inquietudes por trascender más allá de la copa de vino- de estas maravillas naturales que tenemos aquí en Haro, justo a unos pasos de las bodegas del Barrio de la Estación.DSC03877Viña Santurnia (Dondón 1853 para el mercado chino) de Bodegas Ramón de Ayala, Briñas