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LOS NUEVOS RIOJAS Y EL CAMBIO DE CICLO
01 de marzo de 2018
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Fotos de Exquisite Rioja.

Es un hecho constatado que, para los consumidores de vino no avezados, fue un grandísimo acierto y beneficio, en su día, la clasificación de los vinos riojanos por el Consejo Regulador de la entonces DO Rioja.

Obviamente las circunstancias han cambiado hoy en día en la DOC Rioja, de tal manera es así que las nuevas clasificaciones que se van a hacer pronto realidad, han de suponer una apuesta de futuro. Vinos de pueblo, de viñedos singulares, espumosos, además de los grandes vinos clásicos de ensamblaje… y especialmente los vinos de nueve zonas establecidas a lo largo y ancho de un territorio de viñedos único, cuya delimitación armónica por comarcas naturales, cuencas fluviales y ambientes geoclimáticos, da sentido a los nuevos tiempos en donde, personas-consumidoras avezadas que gustan de los vinos, buscan calidad desde un origen especificado y reconocido, diferenciación, exclusividad.

¿Cuál ha de ser la clave que, en todo caso, pueda mover los engranajes de las molleras pensantes de quienes ostentan poder ejecutivo (o votos) en el CR de la DOC y/o en el propio Gobierno de La Rioja?  Asumir que, además de los vinos de pasto producidos (millones y millones de botellas con vino pero sin alma) que inundan mercados ya saturados por otra parte con vinos italianos, chilenos, australianos, etc., lo que realmente crea una marca y define un origen (y esto lo sabemos muy bien en EXQUISITERIOJA cuando servimos experiencias  de enoturismo) son vinos que mueven emociones.  Vinos que provienen de uvas de zonas diferenciadas, como por ejemplo aquí en Haro, al ladito de los Montes Obarenes y la cuenca del Oja-Tirón.DSC03264Vitivinicultor en su viña en Baltracones, Haro

Hay que vivir en estas latitudes genuinamente riojanas (recordemos que la comarca natural de la Rioja históricamente fue justo esta zona) a través de las estaciones; y así podremos entender la calidad, la enjundia de las viñas de cuyas uvas suelen darse vinos mágicos, singulares, finos y elegantes. Vinos que emocionan.

Esto es válido, claro está, solo cuando se vinifican –en clave de calidad-  uvas procedentes de ciertas viñas específicas –que se han trabajado con esmero-  situadas en parajes de ensueño, donde los suelos realmente atesoran materia viva -que es el biberón de la planta- como por ejemplo de Cuzcurrita, de Villalba, de Briñas, de Labastida o San Vicente; también de la margen derecha del rio Ebro, desde Briones a Camprovín o Baños de Río Tobía.  Viñas que, cuando la añada viene buena, expresan las singularidades varietales aclimatadas, enraizadas en el ambiente geoclimático en que medran.

PONERSE AL DÍA

Es por esto que cuando ciertos vinos de la DOC Rioja acaparan premios y más premios, o cuando se publican las clasificaciones de, Wine Spectator, Wine Advocate, Decanter, o la lista (con su personal clasificación de bodegas) del MW Tim Atkins, hay que saber que los vinos mejor considerados son aquellos que, para l@s prescriptor@s que los catan, solo los que –generando placer sensorial- mueven emociones y logran alcanzar así las mejores puntuaciones.  Normalmente – hay que decir- esos vinos son de productor@s que ya se han puesto al día haciendo las cosas muy bien, con pasión, con saber hacer.

Puede ser que esos vitivinicultores no tengan en cuenta para qué segmento del mercado producen sus vinos; puede que tampoco sean precisamente conscientes de los distintos tipos de consumidores potenciales de sus vinos, ni que conozcan estereotipos culturales por países o por gustos; quizá todavía menos lleguen a saber qué factores de consumo en cada país se ven afectados por el estilo o al sabor de un vino para ser preferido entre otros muchos… pero, sea como fuere, al menos inconscientemente saben qué valores intrínsecos -es decir, atributos sensoriales- y extrínsecos –es decir, capacidad de seducir, de encantar- tienen sus vinos toda vez que son únicos, irrepetibles, por venir de una viña vieja muy especial y de una variedad imbricada en un ambiente climatológico natural, muy frágil, pero perenne; y que refleja un lugar, un origen e  historia muy particulares.

Por lo que acabamos de apuntar, bien se puede decir que para un buen puñado de bodegas en Rioja el ciclo está realmente cambiando; que se han puesto al día y que, gracias a ello, han posibilitado que lleguen esas nuevas clasificaciones o “etiquetas” en las botellas para ir aclarando el panorama y saber donde se sitúa cada cual. Y no olvidemos que, en cualquier caso, cada persona que degusta una botella de vino dispone de sus sentidos para juzgar y disfrutarla: color y aspecto, aromas y sutilezas y –por encima de todo y al final de todo- la impronta del sabor y el componente táctil en boca que marca la diferencia.  Por mucho que nos empeñemos los sumilleres o los enólogos. Desde el punto de vista de la apreciación sensorial, el mundo del vino es definitivamente táctil (más el embrujo de la retronasal, claro).DSC03750Catando en una bodega

Esta es la razón primera y última que va catapultando hacia la cúspide a esos vinos modernos de los que estamos hablando (vinos que han posibilitado un cambio de ciclo); su calidad está intrínsecamente relacionada con la cantidad y calidad de estímulos sensoriales que generan sensaciones gozosas y propician placer. Hoy, como nunca antes, tomamos vino como una experiencia orgiástica –cuando no estética-. O sea, el cambio de ciclo.