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¿POR QUÉ NO ENTIENDO ESTE VINO?
20 de mayo de 2018
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Las personas más afortunadas  (quienes han tenido la oportunidad de disfrutar una escapada del vino aquí en Rioja con EXQUISITERIOJA  o atender un curso de cata por mí impartido) ya saben por qué les gusta un vino.  Pero también podemos plantear  la otra común pregunta reseñada en el título de arriba.

Digamos primero que somos víctimas de nuestro propio subjetivismo atroz que atenaza y constriñe nuestras percepciones sensoriales. O dicho de otra manera: generalmente no les hacemos caso. Y así nos perdemos tanto…

Os propongo algo muy sencillo: a la hora de tomar un vino desconocido, coged la botella y reparad en el tacto del vidrio y en la temperatura, esta ha de contrastar con la de vuestra mano; leed la etiqueta sin ideas preconcebidas.  Servid el vino con alegría y volved al tiempo de la infancia, recordad aquellos aromas que primeramente impactaron vuestros sentidos; disfrutad los vivos destellos del vino en la copa.

En la fase olfativa incidir en que no se trata de buscar/nombrar el aroma escondido o manifiesto (como hacemos los sumilleres/enólogos  con tanto marear el vino en la copa). De lo que se trata es de olisquear y dejarse seducir por el aroma predominante que lidere la familia o el acorde aromático dentro del vino.  ¿Qué es  un aroma lácteo nítido que embriaga la memoria olfativa?  Pues qué bien. ¿O bien quizá un es aroma de piñones que se manifiesta como si no hubiese un mañana? Pues fenómeno.  ¿Qué sí, que huele a… eso, pero no se nos viene la palabra a la boca? Pues qué más da. Disfrutadlo, que si huele bien seguro que está rico.DSC04480

Y luego en la boca dejad que las sensaciones sápidas, táctiles y aromáticas inunden todo el recorrido bucal, desplegando oleadas de placer, que puede ser de una intensidad mayor o menor pero que si se produce,  es porque ese vino tiene sustancia. Por lo tanto a beberlo sin más y obviad –si es que las habéis leído- opiniones crípticas o literaturalizadas acerca del mismo.  Hoy en día hay mucho cuento y estamos perdiendo lo esencial: nosotros mismos, las personas que protagonizamos el instante en que degustamos el vino y las oleadas de sensaciones que despierta cuando lo estamos disfrutando.